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Una respuesta importante es de tipo cognitivo: las personas piensan de manera distinta después de escribir sobre los traumas. Al traducir las experiencias al lenguaje humano comienzan a organizar y estructurar las que parecen ser infinitas facetas de los hechos apabullantes. Pennebaker, J. W. (1997). The Healing Power of Expressing Emotions.. The Guilford Press. New York. London.

Después del uso intensivo que los surrealistas hicieron de la escritura automática como forma de liberar la creatividad del yo, llegó la corriente cognitiva de la psicología a mediados del siglo XX para estudiar los mecanismos del conocimiento y de los procesos mentales. La escritura, al igual que la expresión oral y artística, es una de las manifestaciones de estos mecanismos de conocimiento, por lo que alteraciones en su forma o proceso pueden indicar algún tipo de trastorno.

Una de estas alteraciones es la urgencia por escribir o hipergrafía, que algunos han rebautizado como “el mal del bloguer“. Alicia Flaherty, neuróloga del Hospital de Massachusets, que ha centrado parte de su trabajo en el estudio de la hipergrafía afirma que la actividad de bloguear (distinta a la tradicional de escribir porque, entre otras razones, el blog entraña una dimensión púbica que el diario personal en papel no tenía) está íntimamente ligada a los instintos porque hay muchas personas que lo hacen de manera compulsiva.

Las adicciones, pulsiones y placeres están relacionadas con la producción de dopamina, un neurotrasmisor del sistema nervioso central.

Blogging might trigger dopamine release, similar to stimulants like music, running and looking at art.

Esta afirmación de Flaherty fue publicada el pasado mes en un artículo de Scientific American sobre los beneficios de escribir un blog (escritura terapéutica) que, aunque aún permanecen en un estado especulativo, empiezan a despertar un considerable interés en la comunidad ciéntifica.

Otras comunidades relacionadas con el conocimiento como son los expertos en aprendizaje o en capacitación de recursos humanos también han mostrado un gran interés por estos incipientes resultados. El blog como vehículo de descarga de tensiones y preocupaciones resulta muy tentador para aquellos que tratan riesgos psicosociales (como el estrés) en el trabajo.

Cualquiera que haya intentado poner en marcha un sistema de blogs corporativo se habrá dado cuenta del juego perverso en el que puede derivar la idea: la empresa quiere que la plantilla se exprese a través de un blog, con entusiasmo, que comparta su conocimiento, comente y participe, y todo esto -muchas veces- sin contrapartidas de ningún tipo. Un blog requiere su tiempo, no sólo de escritura sino de lectura y reflexión, y supone un exhibicionismo frente a compañeros de trabajo y profesión al que no todos estamos acostumbrados, por lo que la idea del blog en el trabajo como forma de motivar a la plantilla puede acabar convirtiéndose en otra fuente de estrés si no va acompañado por otro tipo de medidas motivadoras.

Fuera del ámbito laboral, donde las cosas se hacen por que se quiere o por razones distintas a las derivadas de una relación contractual, es posible que el blog tenga estos beneficios que ahora intentan probar los científicos, aunque algunos ya se dieron cuenta hace tiempo de sus posibilidades terapéuticas.

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