Quizás la tecnología esté arrinconando poco a poco estos objetos que religiosamente cambiábamos cada año al llegar enero. Ahora con las actualizaciones automáticas de nuestras agendas digitales muchos habremos perdido de vista a los calendarios de pared o de sobremesa. Eso pensaba que me había ocurrido a mí hasta que he caído en la cuenta de que sólo en mi casa tengo tres, eso sí, cada uno para una cosa.

El de apuntar: claro que también tengo anotadas estas citas en el ordenador y en el móvil pero la contaminación visual del calendario de pared me hace compañía y funciona como acelerador de conversaciones cada vez que alguien viene a casa porque, reconozcámoslo, la vista se va antes a este objeto de cotilleo que a cualquiera de las fotos que cuelgan de la pared. Cortesía de TGA+asociados (gracias nago!)

El de perpetuas celebraciones con un toque fetichista: recuerdo del Hotel Lloyd en Amsterdam este calendario sigue vigente cada año y también funciona como elemento de atracción porque para famosos, mis amigos :)

El que te ayuda a liberar el ansia porque pasen los días: cuando tengo muchas ganas de que llegue una fecha en concreto me da por tachar los días según van pasando aunque, en realidad, muchas veces desearía aplastar los días y no tacharlos para dejar más claras mis intenciones. Ahora por fin puedo dar rienda suelta a esa ilusión con el calendario de burbujas y, ya de paso, hacer un ejercicio de contención porque la verdad es que dan ganas de explotarlas todas!

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