No es que el café con hielo sea una bebida exclusivamente veraniega pero lo cierto es que en esta época se presta más. Normalmente el momento de incorporar el café al vaso con hielo se convierte en una prueba de maestria que debe tener en cuenta la cantidad de hielo, el tamaño de la boca del vaso, la forma de la taza y la cantidad de café servido. En función de estos parámetros el momento del vertido requerirá una determinada altura e inclinación de la taza, una velocidad específica en el transvase y ciertos ajustes en la disposición de los cubos (bloques en ocasiones) de hielo. Y aún así, el éxito no está garantizado y siempre correremos el riesgo de ponerlo todo perdido con el café y beber más agua que excitante.

Por eso agradezco tanto la iniciativa de este pequeño bar al que vengo a conectarme a diario durante mis vacaciones. No me refiero a la iniciativa de ofrecer wifi abierta, que también, sino al hecho de servir el café en una jarrita y el hielo en una copa de globo para hacer de la preparación del café con hielo un juego de niños.

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