Mientras escribo esta entrada nos aproximamos a Ribadesella. Posiblemente haya terminado a la altura de Gijón y me gustaría publicarla aprovechando la conexión wi-fi que Alsa anuncia en sus autobuses de clase supra pero, por alguna razón irresoluble a bordo, la conexión no funciona.

Me he vuelto una sibarita

fotografía de una autobús supra. El Comercio DigitalViajar en autobús puede ser por obligación (no tengo otra forma de desplazarme) o por convicción. En mi caso he ido alternando motivos y ahora puedo ver el gran cambio que ha experimentado este medio de transporte colectivo. La clase supra de Alsa en la que voy ahora repanchingada (mi esqueleto se ha vuelto cada vez más exigente) es un ejemplo de cómo ha cambiado el cuento. Por algo más del precio normal del billete es posible viajar con servicio de catering, café, prensa, asientos más cómodos y espaciosos, y wi-fi (se supone). Sin embargo, una vez inmersos en el maravilloso mundo de la calidad y las exigencias hay que estar preparado para dar la talla.

La otra

Mi último viaje con Alsa fue a León. Bueno, en realidad no fue con Alsa sino con una compañía subcontratada, o absorbida, o socia, en cualquier caso, otra. Y esta otra compañía tenía autobuses de toda la vida, en sentido literal. Esos autobuses con el espacio reducido a su mínima expresión entre los autobús antiguo, de exposición asientos,  sin cinturones de seguridad, con un televisor de tubo incrustado en la carrocería y altavoces dispersos aquí y allí haciendo sonar cadena dial o la película de turno, a discreción. El conductor, también de toda la vida, le puso emoción al viaje trasteando con el vídeo y comprobando su funcionamiento en pantalla mientras conducía en plena autopista. Y a la vuelta, donde fuimos recogidos por el coche procedente de Santiago, pudimos disfrutar de los autobuses de la ruta escolar que utilizan en Lugo, 5 horas sin paradas. Eso sí, todo esto a precio Alsa y a repartir entre más pero, como cantaba aquel, “no es lo mismo”.

Los otros

No obstante, en todas las “clases” cuecen habas y los viajeros supra, además de no poder disfrutar de la conexión wi-fi (al menos en este viaje en el que escribo), más les vale no ser musulmanes ni vegetarianos porque entonces tampoco podrán aprovechar el servicio de catering, ¿y por qué?. Pues porque aquí somos muy de aquí y a todos nos gusta el cerdo, y si no siempre puedes repetir de cacahuetes. Eso fue lo que les pasó a una pareja de viajeros que subían de Madrid a Bilbao cuando les plantaron en su bandeja el bocadillo de jamón. No sólo no tenían otra opción que ofrecerles sino que además se lavaban las manos diciendo que era lo que había tocado (ya es casualidad, a mí siempre me ha tocado embutido en el bocadillo que me dan, ¿por qué será?), que la compañía no elegía el catering (supongo que sí elegirán el proveedor y las condiciones, ¿o tampoco?). Para más inri, también casualidad, no había libro de reclamaciones en el coche, lo que le extrañó a la azafata tanto como la petición de los viajeros.

Sí, aún falta

Así que parece ser que falta mucho, más en unos sitios que en otros, para que haya más personas convencidas de las bondades de viajar en autobús, que son muchas, como esta de escribir mientras nos acercamos a Gijón.

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