Hasta ahora las películas se han caracterizado por tener un principio y un final, además de un grupo de espectadores consumiendo pasivamente la historia que se desarrollaba en medio de estos dos momentos. Sin embargo, la tecnología está provocando la aparición de una nueva narrativa cinematográfica caracterizada por la interactividad y la participación del público.

En 2003, de la mano del Danish Film Institute, apareció Switching, un puzle formado por múltiples escenas en bucle sobre las que decidir el orden de narración a través del mando de la tele. Un experimento bastante cercano al videoarte, para mi gusto, que ha servido de inspiración para Late Fragment, la primera película interactiva norteamericana surgida del CFC Media Lab’s Interactive Narrative Feature Program de Canadá.

Lo que me encanta de la propuesta canadiense es el cambio en la actitud del espectador que no sólo puede saltar de una a otra escena de la película sino que realmente puede definir su propio montaje y decidir cuál es el desarrollo de la historia que más le convence.

La película ha sido proyectada de dos maneras diferentes: en sesiones de videodj, donde una de las personas del equipo decide el itinerario narrativo, y en sesiones en las que el público es el que decide la historia pasándose un mando con el que interactuar.

Esta idea de mapa, de itinerarios personalizados, no sólo me seduce en el cine sino prácticamente en cualquier experiencia que requiere un desarrollo, un proceso, ya sea en una aplicación informática, a la hora de aprender o de utilizar un servicio público. Frente a los recorridos prefijados de forma inmutable todos deberíamos tener uno de esos mandos para construir rutas propias a través de nuestras elecciones.

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