El polifacético perfil profesional que tienen los documentalistas incluye uno bastante similar al de los ”topos”, espías infiltrados en las organizaciones.

De la misma forma, cuando un documentalista se pone el traje de consultor dispuesto a detectar cada nodo de comunicación, crítico o no, en una organización, ha de camuflarse entre los trabajadores y saber cuándo dejarse desenmascarar, y por quién.

La información sobre la cultura informacional y el flujo de información que puede recoger el documentalista infiltrado es un material precioso. Sería mucho más difícil obtener los mismos resultados a través de cuestionarios o entrevistas (cuando el documentalista se pone el traje de investigador social). No hay nada como los pasillos y las salas donde se comparte espacio de trabajo. Junto a la sala del café o la comida, y la puerta de entrada, son el mentidero oficial de cualquier empresa.

Digamos que el documentalista infiltrado lleva debajo el traje de investigador haciendo investigación no condicionada, es decir, observaciones, trabajo de campo puro y duro. Para explotar estos yacimientos de información conviene organizarse con una pequeña tabla que recoja el lugar y la fecha de la observación, una descripción de lo observado, comentarios relevantes y una categorización que después nos permita agrupar estas observaciones. Quizás también interese recoger de forma individualizada quiénes son los observados, pero sin nombre ni apellidos, sólo perfiles profesionales o según el cargo en la organización.

Esto implica que el documentalista consultor, además de sus habilidades inter-profesionales ha de traer un radar de serie para aprovechar ese periodo en el que su identidad es secreta para muchos…

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