Más de un mes sin escribir ni una palabra. Aquí,  porque en realidad de escribir no he parado. Twitter y su inmediatez me han enganchado tardíamente, mi actividad digital se ha dispersado notablemente y el vídeo cada vez gana más terreno entre mis aficiones, aunque todavía me hace perder la paciencia en más de una ocasión.


Precisamente este mes lejos del blog ha sido un tiempo sin dejar de leer sobre el vídeo, el videoblogging, la tele e internet, los nuevos lenguajes, los viejos formatos, sobre blogs, wikis, twitter y comunicación en las empresas, nuevas forma de utilizar estas plataformas, todas investigándolas sobre la marcha, en acción. Ha sido y sigue siendo muy emocionante, y espero poder contar en algún momento estos proyectos internos que llevamos a cabo en el trabajo.

gafas

Este es otro punto que está en plena mutación, la estricta separación que hasta ahora había intentado mantener entre lo personal y lo profesional en cuanto a actividad digital. Es una cuestión que aún mantengo en cierto grado pero que cada vez pierde más sentido para mí. Sin poder, ni querer, evitarlo ambas partes se están diluyendo. Muchos de los proyectos en los que participo dentro de Funky guardan relación con el emprendizaje y me han dado pie a reflexionar sobre el tema desde muy diferentes ángulos. Siempre he trabajado por cuenta ajena. Digamos que en el sentido más clásico de emprendizaje, yo nunca lo he sido, y al no estar al frente de mi propio proyecto esta separación entre lo personal y lo profesional se producía de manera más natural. Una cosa eran mis horas de trabajo y otra mi tiempo libre. Lo que tenía y/o podía hacer en mi trabajo se compensaba con lo que podía hacer en mis horas personales. Pero eso cambió, afortunadamente, y lo que quería hacer en mis horas libres ahora lo hago en mi trabajo, y este invade mis horas libres de una forma enriquecedora, a veces desbordante pero nada alienante.

La disolución de los límites ha repercutido en este espacio, no sólo en cuanto a dedicación sino también en cuanto a orientación. Lo que comenzó siendo una vía de escape y lugar enfocado hacia la documentación tal y como la había aprendido en la universidad, ahora me parece un repetidor más, uno de tantos que llenan internet. En el blog he sido seguidista porque en realidad continuaba caminos ya marcados sin cuestinármelos verdaderamente. Y en esas me encuentro ahora, cuestionándomelos.

Cuestionándome el tratamiento de aquello a lo que me dedico, a la comunicación y la documentación, pero desde un lugar muy lejano al que se planteaba en las últimas jornadas de Fesabid. Cuestionándome la formación y los sistemas de autoridad de conocimiento que después he desaprendido. Cuestionándome la seguridad, la discrección, el termino medio, el consenso, las caretas diarias, la separación entre digital y analógico, entre profesional y personal. Hace poco visitaba San Sebastian Jeroen Boschma, autor de La generación Einstein, un libro en el que habla de los nativos digitales. Entre otras características, Jeroen ha detectado que la generación Einstein tiene otra forma de adquirir conocimiento. Así si la anterior generación pensaba que algo no era cierto hasta que no fuera probado, la nueva generación de jóvenes piensa que todo es cierto hasta que se demuestre que es falso. Cómodo, ¿verdad?. Todavía no me explico cómo va nadie a demostrar que algo es falso si no se lo cuestiona. En cualquier caso, yo ahora estoy en la generación anterior por lo que a este tipo de ideas se refiere.

Espero volver antes de que pase otro mes, terminar los recorridos japoneses que inicié hace unas semanas, recuperar las ideas sobre lo paradógico que resulta hablar de ciencia 2.0, explicar el contraste sufrido con las jornadas de Fesabid y aumentar la entropía temática de este blog con nuevas entradas y nuevos vídeos!

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