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Entrar en el agua es poner en marcha un panel de mandos infrautilizados a diario por muchos de nosotros. Nosotros, los de las oficinas, los de los ordenadores, los de las contracturas y los estiramientos sin soltar el bolígrafo.

Entrar en el agua te obliga a conectar los sensores de cada un o de tus músculos, a coordinar partes que rara vez mueves conjuntamente en pro de la eficiencia y el ahorro energético. A encontrar tu ritmo, la cadencia del movimiento y el control de la respiración.

Nadar es dificilísimo pero todo el mundo nada. Nadar es salir de tu medio natural y empeñarte en deslizarte elegantemente en el agua. También es golpear el agua con todas tus fuerzas, retar al reloj o no cejar en el empeño de hacer otro largo más. Nadar es recuperar el aliento sin dejar de nadar y darse cuenta de que eso que parecía el límite no lo era.

Nadar puede ser hipnótico como esta condenada persecución de la pelota.

 

La imagen de la cabecera es del comic “Le goût du chlore” de Bastien Vivès.

La persecución de la pelota es de Thoka Maer. En su página It’s no biggie hay más, no tan veraniegos…

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