En ocasiones es un honor ser una ignorante, o al menos una alegría, sobre todo cuando es aprendizaje que viene de ciertas experiencias. Hay cosas por las que no es agradable pasar y cuyos entresijos, por lo tanto, tampoco apetece conocer en persona: las funerarias, las estafas financieras o los hospitales, por citar algunos. La persona que conoce en detalle su funcionamiento o bien trabaja en ellas o ha sido su “cliente”, o se ha infiltrado, que eso ya me gusta más. En cualquier caso, a mí hoy me a tocado aprender de “clienta” en el tercer caso, el de Osakidetza.

con queso

Decía al principio que era una alegría ser una ignorante porque la poca idea que tengo del funcionamiento de los hospitales y ambulatorios viene, en gran medida, por haberlos pisado tan poco. Esta ignorancia debe de haber provocado en mí una idea equivocada de lo que son los médicos de cabecera y las bajas laborales. Eso o es que he dado con una infiltrada!.

Puede que hiciera más de 15 años que no tenía una fiebre tan alta ni tanto malestar. Si a eso le unimos una reconocida hipocondría, el desconocimiento de Osakidetza no podía durar mucho. Así que el sábado me planté en urgencias para comprobar que me había convertido en una persona más sobre las que habla la prensa, esas que colapsan los servicios de urgencias por una gripe. Afortunadamente la doctora además de atender entendía de estas cosas y supo tranquilizarme a la vez que me reconocía y me hacía la receta. Total, 10 minutos pero superbien aprovechados. Eso sí, me dijo que aunque sabía que el lunes no podría ir a trabajar, ella no podía darme la baja y tendría que volver entonces para pedírsela a mi médica de cabecera.

La experiencia había sido tan buena que no tenía casi ningún problema en volver y eso hice esta mañana, volver a la consulta de mi desconocida médica de cabecera. En información me cuentan que necesito una cita. Ignorante, sí, pero si vas a por una baja, ¿cómo puedes saberlo por adelantado que la vas a necesitar?¿y si es un accidente?. Ahí me doy cuenta de que Osakidetza no está pensado para los que vivimos solos.

Volviendo a mi médica, resulta que tiene la agenda llena por la mañana y me aconsejan volver por la tarde. A la tarde me encuentro más clientes y menos funcionarios = más cola, y averiguo que mi médica trabaja sólo de tarde así que no podía tener la mañana completa. Además de ignorante me tratan de idiota.

Pero nada de eso me sorprende hasta que no entro a la consulta de mi médica y descubro que lo mejor siempre está detrás de la puerta. Cuando le pongo al corriente de mis síntomas y mi visita al hospital ella teclea en el ordenador, como si le dictara. Cuando le hablo de mi preocupación por perder el apetito y no poder comer me despacha con un “normal, es la fiebre. Con agua y zumos se pasa”. Cuando le insisto en ello porque me siento débil casi se enfada porque no entiende ese “empeño que tiene la gente por comer”. !Lo que hace la experiencia!

Cuando termino de contarle lo que me pasa y espero que me reconozca, o compruebe si es verdad lo que le he dicho, simplemente me pregunta, “¿y para cuándo quieres la baja?”. Si no hubiéramos hablado de que no tenía hambre y estuviéramos en otro lugar podía haber dicho “¿con queso o sin cebolla?”, hubiera sonado igual. Así que me imprime mi baja a la carta con el diagnóstico que yo le he contado y cuando le pregunto por el procedimiento para el alta me contesta que cuando pueda, no hay ningún problema en pedirla un miércoles y poner la fecha del martes. Qué ignorante, !yo pensaba que sí!.

Ahora que sé más y que estoy mejor puedo volver con más calma al ambulatorio a pedir el alta, y a que me cambien a un médico que ejerza como tal y no de administrativo.

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