A finales del año pasado estuvimos en el Creativity World Forum, un encuentro internacional alrededor de la economía de la creatividad que tuvo lugar en Amberes. Además de algunas de las personas que pasaron por allí como Tom Kelly, Chris Anderson, Steve Wozniak o Marin Heylen, que resultaron más o menos inspiradoras por lo que contaban o cómo lo contaban, los organizadores del encuentro intentaron explotar al máximo la conectividad entre los asistentes.


La acreditación del evento incluía un gadget a cambio de una foto que te hacían en la entrada. En menos de un minuto tenías a tu alcance la posibilidad de contactar con cualquier persona. El gadget en cuestión, spot me, permitía enviar mensajes, localizar a una persona en concreto cuando estaba cerca a través de una especie de radar, intercambiar tarjetas de visita y tomar notas durante el encuentro que después podías descargarte en el email. El objetivo era acelerar las presentaciones y las conversaciones que, al fin  y al cabo, es una de las partes más interesantes de cualquier evento. Creo que la novedad del aparatito no permitió incorporarlo con naturalidad a la parte de socialización del evento pero está claro que eso junto al hecho de que el idioma oficial fuera el inglés, generó un clima en el congreso muy diferente al que he visto en otras ocasiones.

the feast formÚltimamente hemos podido comprobar lo importante que resulta crear este clima de presentaciones en los que hay que perder la vergüenza y mostrar a los demás lo que puedes ofrecer. Otros encuentros en torno a la creatividad y la innovación como The Feast lo han incorporado en su formulario de registro y realmente logran cuestionarte el sentido que tiene acudir al congreso y, más concretamente, el sentido que tiene el que acudas tú.

Estas redes de profesionales que se crean en torno a los eventos acaban convirtiéndose en uno de sus mayores valores y elevan el listón de las intervenciones porque ya no sólo buscan la participación de un cargo relevante o la presentación de una experiencia de éxito contando “mira qué bien lo hemos hecho” sino que exigen otro tipo de intercambio donde la creatividad y la capacidad de inspirar a los demás son casi tan importantes como el contenido. Y si no que se lo cuenten a la gente de TED, un evento inspirador de muchos otros cargadito de presentaciones inspiradoras de alcance mundial.

En nuestro entorno más cercano cada vez es más frecuente extender las actividades de los encuentros a las redes sociales creando grupos en Facebook o Linked-In, o habilitando un hashtag en twitter o un grupo en twubs donde después pueden consultarse las imágenes y comentarios que se generaron durante el evento. Con un poco de suerte las actividades se trasmiten en vídeo a través de Livestream o Ustream y la sensación de estar asistiendo a las presentaciones o debates aumenta enormemente como ocurrió en el último encuentro de Aprendices en Bilbao.

Fue precisamente esta reunión la que me hizo caer en la cuenta de lo poco desarrollados que están los mecanismos para involucrar a los asistentes on-line que estamos pegados a la pantalla del ordenador escuchando y posteando. Los eventos que se animen a fomentar la actividad social a través de la red deberían incluir en su diseño la manera de convertir esta actividad en una auténtica conversación. Eso significa incorporar a la audiencia on-line dirigiéndose a ella, recogiendo sus aportaciones y crear espacios específicos en los que la actividad on-line y la actividad off-line confluyan. De otra manera las participación on-line se vuelve invisible y el canal de twitter sólo tiene utilidad para los asistentes al evento y para la organización, que demuestra el impacto y el “interés” a través de la actividad generada.

La conexión de redes on-line y off-line está haciéndose cada vez más patente a través de la tridimensionalización de la experiencia on-line o la digitalización absoluta de la experiencia off-line. Como ejemplos de lo primero tenemos el anuncio de dos producciones televisivas, High School Reunion y Final Tweet, inspiradas en Facebook y Twitter respectivamente, o la propuesta de The Best of surgida a partir de una publicación on-line. Las experiencias off-line digitalizadas son más habituales a través de entrevistas, debates o incluso conciertos  que únicamente se ofrecen a través de internet para recuperar después el valor añadido de la música en directo in-situ.

En mi empeño por estudiar cómo se produce el diseño de servicios en las redes sociales on-line creo haber encontrado un interesante inicio en estas experiencias que pretenden crear un valor añadido a la experiencia digital e investigar los formatos y las dinámicas que potencian la complementariedad de esos dos perfiles que cada vez más estamos simultaneando, el físico y el virtual.

*disclaimer: participé en la ideación, diseño e implentación de The Best of.

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